Al dirigirse a la mansión del amo, Juan había emprendido un camino sin retorno. Tomó las armas y, a lo largo de veintidós años, la guerra fue su escenario cotidiano. Desafió muchas veces a la muerte sin que esta le llegase a abrazar. Conoció la derrota y el exilio, la victoria, el amor, la traición, el racismo, la crueldad y la vergüenza. Vivió algunas situaciones absurdas, sorprendentes o incluso cómicas y otras muchas de crueldad extrema; también, actos de generosidad heroica.
Fue soldado en la Guerra Civil Española. Luego, bajo bandera francesa, legionario y comando en la Segunda Guerra Mundial y paracaidista en las guerras de Indochina y de Argelia. Combatió junto a sus camaradas y sobrevivió en las nieves de Noruega; en las sierras de España y Eritrea; en los desiertos de Siria, Libia y Túnez; en las selvas de Gabón y Vietnam; en las ciudades de una Europa en ruinas; y en la Casbah de Argel. Pero su última batalla la iba a librar a solas, frente a sí mismo.
La historia de Juan, como la de cada persona, es inseparable de la historia de su tiempo, sin ignorar la inevitable presencia del azar. Este relato las entrelaza y conduce hacia la paradoja final de un superviviente.